Interés General

El Día de los Trabajadores. Por Saúl Piña


El 1º de mayo se recuerda en buena parte del mundo una trágica epopeya, en la que morían siete trabajadores para marcar un camino hacia la justicia social y el bienestar laboral.

Los “Mártires de Chicago”, como se les nominara a partir de aquel aciago 1º de mayo del año 1886, bregaban por la reducción a ocho horas de la jornada laboral, y con ello al derecho de un tratamiento humanitario y a la dignidad de esencia en el ser humano.

Esta fecha debe ser, entonces, un día de evocación seria y responsable, no una jornada festiva. Día de reflexión sobre lo que en materia laboral se ha logrado, sobre el funcionamiento del sistema sindical y sobre lo que aún falta por hacer.

Debemos reconocer que Uruguay conoce en materia de avances hacia una legislación más justa una tradición muy rica en ejemplos y conquistas, por imperio de gobernantes lúcidos y progresistas con acciones concretas, que construyeron un Estado moderno y asentado en la justicia social.

Tenemos el privilegio de que la República se colocaba desde lejanos tiempos, ante la pasividad de muchas y más poderosas naciones del mundo, en un puesto de vanguardia. El panorama sindical viene demostrando una distorsión, donde han primado claramente móviles ideológicos, por sobre los auténticos derechos de los trabajadores.

Las ocupaciones de empresas, que han sido seriamente cuestionadas por la Organización Internacional del Trabajo y por la Justicia uruguaya; que ha dictaminado que afecta el derecho de propiedad, y que: “el control obrero es manifiestamente ilegítimo y vulnera así, de forma flagrante derechos y libertades constitucionales”.

En este país históricamente defendemos el derecho de huelga y la libertad sindical y la no discriminación por concepto de la militancia gremial, pero el abuso de los dirigentes sindicales, impone la tiranía del caos y expone una mala imagen del país hacia los posibles inversores del exterior. Toda paralización debe ser meditada, sobre todo en el ámbito de la educación, de la salud y de la producción; ya que en definitiva afecta a los sectores más débiles y al país todo.

No debemos ignorar que la familia uruguaya enfrenta hoy un panorama muy complejo, tanto interno como por afectaciones de los mercados mundiales, de los cuales tenemos plena dependencia.

La fe y la confianza en un futuro de justicia, diálogo, y paz sindical, surgen necesariamente de la consideración de que toda empresa es ardua, pero si se pone en ella compromiso, coraje y decisión, seguramente se podrá concretar.

En el trabajo fecundo de todos los uruguayos, amparado por la vigencia del Derecho—sin halagos demagógicos ni trabazones reaccionarias—habrá de apoyarse sin duda, esa vida digna y feliz a que todos los obreros del país tenemos derecho.

Nuestro fraternal abrazo a los trabajadores de Durazno, con motivo de esta particular conmemoración del 1º de mayo.







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